David González Lobo

David González Lobo

31 de marzo de 2009

19:00 horas

Aula Magna de la Facultad de Filología

 

DAVID GONZÁLEZ LOBO  nació en Barinitas, Estado Barinas, Venezuela, el 15 de Septiembre de 1965. Licenciado en Letras (Universidad de los Andes, Mérida, Venezuela). Técnico Superior en Organización y Gestión de Recursos Naturales y Paisajísticos. Actualmente, trabaja como encargado de jardinería para la Diputación Provincial de Sevilla.

Ha publicado los siguientes libros de poesía: No hay casa fuerte (Premio Solar de Poesía), Mérida, Ediciones Solar, 1991; Casa de fuego (selección) en AA.VV.: El Sobre Hilado, Sevilla, El Sobre Hilado y Padilla Libros, Editores y Libreros, 2003; Casa de fuego, Mérida, Mucuglifo-CONAC, 2005, y Fragmentos de vigilia, Barinas, Asociación de Escritores del Estado Barinas, 2005. Poemas suyos figuran en Andina, Antología de joven poesía de Mérida, Táchira y Trujillo, edición y notas de Julio Miranda, Caracas, Fundarte, 1988.

Colabora en diversas publicaciones, como los diarios El Nacional y El Universal y las revistas Solar (Mérida), Revista Nacional de Cultura de Venezuela, Pequeña Venecia y El Fantasma de la Glorieta.

En la actualidad, codirige Tinta China, Revista de Literatura (www.tinta-china.net), publicación recomendada por la UNESCO.

Desde lo más alto del naranjo veía los frutos azules y rojos

del mirto centenario

Comenzaba a llamar a mis aliados

Cerraba los ojos

Partía un tren pintado de vivos colores

De uno a otro compartimiento

había un desfile incesante de dragones

Yo les pedía que entrasen en orden

según el tamaño de sus alas

y que cada uno me hablase en un lenguaje cifrado y lento

y que me dejasen a mí en medio de la fiesta del sonido

que me dejasen flotar como una pluma

que me dejaran ser la nube de agua

el pájaro carpintero

y de vez en cuando

en medio de la noche

una luciérnaga

Era mejor

que con sus bocas y sus narices llenas de fuego y humo

le pusieran nombre a esas reuniones poco vistosas

y en la mayoría de los casos alarmantes

Cuando doña Filomena destripaba los frutos del mirto

y me llamaba a la mesa a que atendiesen los deberes de rigor

en un cuenco veía la goma cristalina

la tijera

papeles trazados con figuras de menhires

pirámides y otras formas elementales

me paralizaba

No podía evadirme de una buena vez de aquellas colas de serpientes

aquellas alas, aquellos trazos de fuego azulado tan combustible

Ellos y el trabajo geométrico no se llevaban bien

La cena se enfriaba y a mí me miraban largamente y en silencio

© David González Lobo

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