León Félix Batista

León Félix Batista

15 de mayo de 2012

19:00 horas

Aula Magna de la Facultad de Filología

Entrada libre hasta completar el aforo

LEÓN FÉLIX BATISTA (Santo Domingo, República Dominicana, 1964), ha publicado seis libros de poesía: El Oscuro Semejante (1989), Negro Eterno (1997), Vicio (1999), Burdel Nirvana (2001, Premio Nacional de Poesía “Casa de Teatro”), Mosaico Fluido (2006, Premio Nacional de Poesía “Emilio Prud’Homme”) y Pseudolibro (2008, Premio Nacional de Poesía “Universidad Central del Este”).  Existen varias ediciones de algunos de estos libros: Se borra si es leído, poesía 1989-99 (2000); Crónico –segunda edición de Vicio– (Tsé-Tsé, BsAs, 2000); Prosa del que está en la esfera (Tsé-Tsé, BsAs, 2006, Universidad Autónoma de Santo Domingo, 2007); Inflamable (La Propia, Montevideo, 2009), Delirium semen (Aldus, México, 2010) y Caducidad (Amargord, Madrid, 2011).

Está incluido en más de una decena de antologías de poesía publicadas en diversos países, entre ellas Zur Dos (última poesía latinoamericana, Bartleby, Madrid, 2005), Jardín de Camaleones (la poesía neobarroca en América Latina, Iluminuras, Brasil, 2005) y Cuerpo Plural (antología de la poesía hispanoamericana contemporánea, Pretextos, Valencia, 2010). En 2003 se publicó en Brasil la antología español-portugués Prosa do que está na esfera. Ha sido parcialmente traducido al inglés, sueco, alemán, italiano e indi.

 

Fue director de la editorial “Cantus Firmus” en Nueva York, donde vivió 18 años e hizo estudios académicos en Mercy College y Maestría por la Universidad Autónoma de Santo Domingo. En la actualidad es Director de la Editora Nacional del Ministerio de Cultura de la República Dominicana.

ESTEPARIO

Padece un desamparo recurvo de canino cuando se le proscribe allende la jauría. Volumen animal quebrado sin su prójimo, como la caravana en que muere el dromedario.

No te fíes, pese a todo, de sus dientes: en ellos mora el hambre resuelta en cicatrices: hay lobos –he leído– que clavan sus aullidos con angustia de puñal; gañendo se deshacen, comprimen hasta hallar el verano de las vísceras.

(Tu propia mano en garra hincando en mi clavícula me dice “el lobo ama”. El arma blanca digna de tu boca lo merece: que yo atraviese el bosque por su aliento).

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